22 mar. 2015

Mensaje 18 marzo 2015 - España

APARECÍ COMO UN HOMBRE NORMAL HIJO DE UN CARPINTERO Y UNA HUMILDE MUJER


Anteriormente a Mi venida, todos deseaban Mi nacimiento, porque sabían y creían que Yo sería quien salvaría al mundo. Yo, Jesús, os hablo.
Los profetas y patriarcas predicaban sobre Mí y quienes creían en ellos ya se disponían a la salvación, porque sin verme, ni oírme, creían lo que se les anunciaba de parte de Dios. Después vine a la Tierra y muchos no Me reconocieron, y muchos no solo no Me aceptaron, sino que Me rechazaron, porque esperaban un Mesías con poder político que los vengara a ellos de la opresión que muchos tenían con los romanos. Pero he aquí que aparecí como un hombre normal, hijo de un carpintero y una humilde mujer, y a la gente se le eclipsó la mente por Mi apariencia y por Mi linaje, y sin embargo, Yo era Dios.
Y aunque hice muchas obras que testificaban Mi condición divina, ni por eso creyeron en Mí, porque la soberbia cegaba los corazones y las mentes de muchos, en ese tiempo. Yo, Jesús, os hablo
Hoy día con Mis instrumentos y  auténticos servidores, pasa lo mismo. Los desprecian y los atacan y no creen en ellos por su apariencia humilde y sencilla, por su trato normal sin nada extraordinario, y es que no se ve en ellos lo extraordinario porque está interiormente, solo a la vista de Dios. 
Pero Yo os digo de nuevo, que por sus frutos los conoceréis. Porque quien vive en comunión Conmigo y en Mis santas leyes divinas, por fuerza tiene que dar frutos de santidad, no hay contradicción entre las obras santas y los buenos frutos. Pero aun así, muchísimos no creen en ellos. No creen en esos sacerdotes que son otros “cristos” que sufren y padecen toda su vida. En eso obispos que son como Yo quiero que sean, auténticos apóstoles Míos, en eso instrumentos que reciben Mis palabras y las dan a conocer y se las rechazan, las critican y las desmerecen. Por tanto, hijos, abrid vuestros corazones y vuestras mentes a estas personas que Me son fieles hasta en el más pequeño detalle, que aunque vosotros no lo advertís son otros “cristos” y desean lo que Yo deseo, y me dan gloria desde que se levantan hasta que se acuestan. Yo, Jesús, os hablo.

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