7 de Junio del 2022
Mensaje Público EEUU †
Dios Padre. Dice: “La oración es su llave a la paz. Cuando no pueden rezar, no tienen paz. Es entonces cuando enfrentan desafíos espirituales y emocionales. Así que tienen que entender que el trabajo de Satanás es destruir su paz. Es él quien intenta convencerlos de que sus oraciones no tienen mérito y que incluso son innecesarias. Él intenta todo tipo de distracciones externas para debilitar su concentración y, por ende, debilitar sus oraciones. No se desalienten en sus esfuerzos de oración.
“El desaliento es una de las armas más comunes y poderosas de Satanás.
Recen primero pidiendo la gracia de creer en el poder y en la necesidad
de sus oraciones. Es entonces cuando los ángeles los rodearán y los
ayudarán a rezar. La Reina Madre y Protectora de su fe es una fuerte
aliada como compañera de oración. Invoquen Su ayuda.”
Lean 2ª Corintios 4:8-10, 16-18
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. ...Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.
Lean 2ª Corintios 4:8-10, 16-18
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. ...Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.

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