22 nov. 2013

Mensaje en Monte Faro de Luz 02/11/2013

2 de Noviembre de 2.013
Monte Faro de Luz
Valencia de Alcántara
Cáceres - ESPAÑA
Nuestra Madre comienza su mensaje:

Pequeños míos, hijos míos, paz tengáis en vuestros corazones y luz, de mi Luz, en vuestras almas.

Pequeños míos, meditad a Daniel en este mes.

Hoy es un día grande en el mundo, hijos míos, el "día de todos los Difuntos", como vosotros decís en la tierra. Es un día especial que puso la Iglesia para que fuesen honrados estos hijos míos que ya murieron. Pero, hijos míos, no se queda en este día el pedir y rezar por los difuntos, todos los días tenéis que hacerlo porque millones y millones de hijos míos están en el Purgatorio. Y con estas oraciones que hacéis en este día, Yo, vuestra Madre, saco del Purgatorio a ¡tantos hijos! para llevarlos a la Mesa de mi Señor, vuestro Señor… También os digo que no os olvidéis todos los días de pedir por vuestras familias, por el mundo entero, para salvar a aquellas almas que están en el Purgatorio penando sus culpas. Hacedlo, hijos míos, y si podéis, dedicadles la Santa Misa a estos hijos míos y a vuestros familiares.

Pequeños míos, hoy este Mensaje es de amor, de mucho amor, porque vosotros también traéis amor y Yo doy Amor. Mirad, vosotros tenéis que ser santos, tenéis que llevar, hijos míos, las enseñanzas que Yo, vuestra Madre, y mi Hijo os damos para la salvación de vuestras almas.

Meditad los Mensajes, hijos míos, es Obra Mía, Obra de Amor. Yo quiero salvar a toda la humanidad. Vosotros, los que venís a mi Casa, Faro de Luz, sois mis pequeños queridos, mis pequeños de mi Corazón. Salid de aquí, hijos míos, con ese amor y esa dulzura que Yo os doy. Yo os protejo a todos vosotros, como a todas vuestras familias.

Mirad, también tenéis que tener cuidado con el demonio. El demonio acecha todos los corazones que están bajo el dominio de mi Hijo y el Mío. Él siempre enreda y entra por los sentidos. Sed astutos, hijos míos, sed lámparas encendidas, tened siempre en vuestros pensamientos y en vuestro corazón a mi Hijo y a mi Corazón. Haced un Sagrario, como tantas veces os he dicho y desde por la mañana hasta el final de la noche abrid ese Sagrario para que entre la Trinidad Santísima en vuestras almas, para que así vosotros, al finalizar la noche, seáis verdaderos hijos de Dios, mi Dios, vuestro Dios.

Esto es Faro de Luz, hijos míos, ¡cuántas gracias derramo aquí siempre, todos los días!. Ya lo he dicho otras veces, cuando un alma pase por este lugar y diga: “Madre Faro de Luz, ayúdame” o “mírame con compasión”, Yo estoy con todos, con uno y con miles, porque Yo soy Madre de todos los hombres.

Hijo mío, tú me has dicho que tu vida y tu historia están inquietas; búscale en el Sagrario, háblale a mi Hijo. Búscate un confesor, pequeño mío, que sepa entenderte, porque él te va a ayudar y Yo también. Te estoy ayudando ya, hijo mío. No estés inquieto, busca los horizontes de Dios, mi Dios, tu Dios, que Él te va a comunicar qué quiere de ti.

Y a tantos hijos míos que habéis dicho a este “gusanico” que pida por unos y por otros, Yo os digo: pequeños míos, id a mi Hijo, mi Hijo es el que salva, el que cura, el que siempre estará con todos vosotros. No tengáis miedo al mundo, ni a los hombres. Pisad fuerte. Aplastad al dragón. Id a mi Hijo de Amor, al Sagrario, allí donde os espera con los brazos abiertos, para que vosotros, hijos míos, seáis felices.

El mundo se destrona, hijos míos. El mundo solamente quiere vicios, idolatrías, mentiras, engaños, borracheras, crímenes, maldades. Pero vosotros sois de la Luz, rezad y pedid por ellos para que esos hijos míos que están confundidos, un día vengan al redil, a mi Hijo, a adorarlo y amarlo.

Hijos míos, tenéis que pedir los unos por los otros porque Yo he venido a la tierra, y estoy en la tierra, para salvar a la tercera parte de la humanidad; pero vosotros tenéis que ayudar a mi Corazón Inmaculado a salvarla: rezando, meditando, hijos míos, penitencia, oración, ayuno, ¡tanto me agrada el ayuno!, y a mi Hijo también, que se ayune por los pobres pecadores.

Yo os quiero tanto, hijos míos… Yo pido a mi Hijo que os lleve a todos a las Moradas Celestiales pero vosotros también tenéis que cumplir con los Mandamientos de vuestro Dios, de mi Dios, y ya sabéis cual es el primer Mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Ahí está todo, hijos míos. Como en el Padre Nuestro, meditad el Padre Nuestro, hijos míos, la clave de la salvación y de la santidad.

Hijos míos, pedid por tantos Jefes de Estado que lo están haciendo mal, que están acribillando al pequeño y que están hundiendo al desvalido. También están confundidos; por eso aquí, en mi Casa, Faro de Luz, os digo que pidáis por ellos para que vean la Luz.

Hijos míos, sed lámparas vivientes para vuestro Dios, mi Dios. Llevadlas siempre encendidas, porque un día, pronto, mi Hijo vendrá como un ladrón a la tierra, hijos míos, y no quiero que ninguno de vosotros y los que van a venir a esta Casa, mi Casa, estén sin sus velas encendidas ¡Os amo tanto, hijos míos!, venid a este lugar santo donde Yo estoy. Aquí estoy con todos vosotros.

Hijos míos, os doy la bendición, pero siempre mi Señor, Dios Padre Creador, vuestro Dios Padre Creador, mi Hijo Salvador, el Espíritu Santo mi Esposo Santificador y Yo, vuestra Madre Miriam, Corazón de María, Faro de Luz, Faro de Luz, Faro de Luz.

Hijos míos, pedid por todos los difuntos del mundo, no hoy solamente, sino siempre.

Adiós, pequeños, adiós, hijos míos, adiós.
Ntra. Madre en Monte Faro de Luz

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