11 dic. 2013

Mensaje mensual: Diciembre de 2013 - Monte Faro de Luz



7 de Diciembre de 2013 En primer lugar el vidente se dirige a Ntra. Madre:

Gracias, Madre. Toda hermosa eres, María, sin pecado original. Eres Madre de los hombres, eres Nuestra Madre y hoy estamos aquí, Madre, para pedirte por toda la humanidad. Tú eres Madre del Consuelo, Tú eres Corredentora con Nuestro Dios, tu Hijo Jesús. Eres Amable, Protectora, eres Madre Ideal. Socorre a todos aquellos que necesitan de Ti. Y hoy, Madre, bendita por siempre, socorre a estos hijos que vienen a pedirte tantas cosas para ellos y para sus familias. Yo, pequeño gusanico, te pido por todos ellos. Te damos gracias, Madre, porque estás aquí con nosotros, hablándonos, bendiciéndonos, queriéndonos. No te vayas nunca de nosotros, Madre, porque sin Ti, Madre santísima, somos nada. Te queremos, Madre, te queremos.

A continuación Ntra. Madre comienza su mensaje:

Pequeños míos, hijos míos, paz tengáis en vuestros corazones y luz, de mi Luz, en vuestras almas.

Sí, hijos míos, Yo soy vuestra Madre del Amor y de la Misericordia. Paz vengo a traer al mundo, y vosotros tenéis que pedir la paz. Tenéis que ser misioneros en el mundo y llevar la Palabra de mi Hijo a todos aquellos que están a vuestro lado.

Quiero que meditéis, hijos míos, en este mes: Isaías. Hacedlo, hijos míos. Buscad en los libros Sagrados la Palabra de vuestro Dios y Mi Dios, para llenaros de sabiduría y así interpretar, como vosotros decís en la tierra, a ese Dios que tantas veces está oculto y que los hombres desprecian y le dan la espalda. Vosotros, hijos míos, buscad a vuestro Dios, como Yo le busqué, y me hice Esclava. ¡Ay, hijos míos, qué felicidad tuvo Mi Corazón cuando vino el Ángel a decirme que iba a ser Madre de Dios!. Una pequeñez, nada, una niña. Yo, hijos míos, iba buscado a ese Dios, Mi Dios Creador, y al final fui Yo la Elegida, la Inmaculada, la sin Pecado,vuestra Madre María. Ya estaba en el seno de mi madre y ya era Pura. Porque Yo no podía tener mancha, hijos míos, para tener a mi Hijo, que era Dios. Y así fue como me eligió mi Creador para ser Madre de mi Hijo y Madre de todos los hombres.

Por eso, venid a Mi Corazón, hijos míos. Yo soy el Refugio y Yo, con mi Manto, abarcaré a todos los hombres, a todos los hombres que me pidan y vengan a Mi Corazón Inmaculado. Yo no dejo atrás a esos hombres que son hijos míos, que a veces son diabólicos, hacen el daño y están haciendo daño a mis otros hijos de amor. Yo os digo, hijos míos, que pidáis, como Yo pido, por ellos, que se salven, que vayan al redil de mi Hijo, que busquen a su Dios, y eso, vosotros y Yo, en la oración, tenemos que salvarlos. Yo os pido a vosotros, no aquí en Faro de Luz solamente, sino en el mundo entero, pedid a todos y os pido a todos: rezad, sacrificios, penitencias, ayunos, por esos hijos que están dando la espalda a su Dios, porque también son mis hijos y hijos de Mi Creador, vuestro Creador.

Buscad, hijos míos, la pequeñez de vuestros corazones, pero no os olvidéis que tenéis que hacer un Sagrario en vuestras almas para que Mi Hijo more siempre en vuestras almas y vosotros, poco a poco, caminéis a las Moradas Celestiales que Mi Dios, vuestro Dios, ya las hizo antes de que vosotros nacierais.

¡Cuánto sufre Mi Corazón! ¡No hay nadie que me quite una espina de Mi Corazón, hijos míos! Porque los hombres no saben amar, no saben sacrificarse y no saben, hijos míos, reparar el Corazón de mi Hijo y mi Corazón que está asediado por clavos y espinas de tantos hombres que pecan: sacrilegios, indiferencia, mentiras, robos, lujurias, pecados que no van al Cielo, hijos míos, que van al infierno. Por eso Yo os digo hoy aquí, con Mi Corazón Inmaculado, que pidáis por todos esos hijos que están haciéndolo mal, que no rezan ni quieren a su Dios. ¡Ay, cuántas hijas mías están haciendo daño, no solamente a esas criaturas que van a traer, que al final no traen, que matan! ¡Cuánto dolor hay en mi Corazón, hijos míos! Porque mirad, mi Hijo y Yo vamos a las almas que van a hacer el daño y hablamos con ellos, pero Satanás está acechando, y acecha, a estos corazones pequeños, y los llevan al precipicio, al pecado, a la muerte. Hijos míos, pedid por ellos, por esos pequeños hijos míos ya que, tanto la madre como el padre, se están condenando por esos crímenes.

Hijos míos, Yo vengo con Amor, vengo con Paz, vengo a daros mi Corazón porque os amo a todos. Pero vosotros que ya me conocéis, hijos míos, y que me amáis, tenéis que reparar el Corazón de mi Hijo y mi Corazón. Sed obedientes a la Iglesia, hijos míos, no seáis rutinarios, no entréis y salgáis al momento y al minuto, quedaos con vuestro Dios, Mi Dios, allí a pedirle, a hablar con Él, porque Él espera a todos sus hijos, no un minuto, sino de más tiempo, hijos míos. No seáis rutinarios, sed valientes, y cuando entréis en el Templo de mi Hijo, y mi Templo, quedaos allí pidiendo por los pobres pecadores, por vosotros.

Sed obedientes, hijos míos, al Papa. Sed amorosos con la Iglesia. Buscad y hallaréis, venid a Mí todos lo que estáis agobiados, que Yo estoy aquí para salvaros, para llevaros un día a las Moradas Celestiales que están preparadas para todos mis hijos de buena voluntad. Es tiempo, hijos míos, como decís en la tierra, de adviento y esperanza, de oración, de penitencia. Buscad, buscad.

Hijos míos, Yo he venido a traer la Paz y la traigo, pero cuántos hombres no me quieren, me rechazan; dicen que es mentira, que Yo no Soy la Madre de Dios, Yo soy una mujer cualquiera del mundo. ¡Qué equivocación tienen los hombres! ¡Qué ignorancia tienen los hombres! Yo soy, hijos míos, la Madre de Dios, Yo le tuve en mi seno y le parí, a Mi Hijo, para dar la vida al mundo, para salvar al mundo. Eso es lo que vino a hacer Mi Hijo a la tierra. Yo sabía todas estas cosas, hijos míos, aunque mi Hijo no me las revelase; Mi Dios Creador me hizo ser Madre de Dios y Madre de los hombres, para así, con mi Hijo, ser resucitados los hombres e ir un día al Cielo.

Yo soy vuestra Madre, hijos míos, venid a este santo lugar donde Yo vengo siempre que me lo pidáis. Aquellos, uno, dos, o veinte, o treinta, o mil, si vosotros aquí, en este santo lugar, mi Casa Faro de Luz, me decís: “Madre, ven, quiero hablar Contigo”, Yo estaré con todos para hablar con vosotros. No os olvidéis, hijos míos, de pedir, de pedir, de pedir a Mi Corazón y al Corazón de Mi Hijo.

No os olvidéis del agua, hijos míos, con que tantos favores estoy haciendo; porque ya lo dije hace tiempo: el agua curará el cuerpo y el alma. Hijos míos, siempre decid “que se haga la Voluntad de mi Dios y Señor. Amén, amén, amén”.

Ahora, hijos míos, Yo os voy a dar la bendición, pero, siempre, primero Mi Dios Padre Creador, vuestro Padre Dios Creador, Mi Hijo Salvador, el Espíritu Santo, Mi Esposo Santificador, y Yo, vuestra Madre Miriam, Corazón de María, Faro de Luz, Faro de Luz, Faro de Luz.

Venid y rezad, rezad mucho, hijos míos, por los pobres pecadores.
< Adiós, pequeños, adiós, hijos míos, adiós pequeños.

Ntra. Madre en Monte Faro de Luz.

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