25 feb. 2015

Mensaje mensual febrero 2015 - Monte Faro de Luz - España

8 de Febrero de 2.015
Monte Faro de Luz, Valencia de Alcántara (Cáceres) ESPAÑA


El vidente hace una oración a Ntra. Madre:
Míranos a todos, Madre, danos siempre la perseverancia, la fuerza; tus hijos vienen aquí a pedirte tantas cosas; Tú que eres Madre de todos atiende sus suplicas y dales a ver el Camino de tu Hijo Jesús, nuestro Maestro, el que nos dijo un día: “Yo os salvaré con mi Cruz, pero sed fieles siempre a la llamada de vuestro Dios Creador, sed fuertes, hijos míos”.
Yo te pido, Madre, como al principio te he dicho, que mires a estos hijos y los lleves siempre en tu Corazón para que sean felices y files y lleven el seguimiento del Evangelio allí donde estén y donde Tú, Madre, los lleves bajo tu manto. Tú eres nuestra Madre querida, Tú eres nuestra Dolorosa, Tú eres nuestra alegría, Tú eres la “salve” de todos porque Tú dijiste y nos has dicho que vendrás también a por nosotros al final de nuestros días si seguimos a tu Hijo de Amor a nuestro Dios.

Ntra. Madre comienza su mensaje:
Pequeños míos, hijos míos, paz tengáis en vuestros corazones y luz de mi Luz en vuestras almas. Gracias, hijos míos, una vez más por estar aquí Conmigo orando y pidiendo por todos los pobres pecadores; seguid viniendo a esta Casa, mi Casa de Amor, y de oración. Yo os daré, hijos míos, todo aquello que me pidáis si es para bien de vuestras almas.


No os olvidéis, hijos míos, este mes de meditar a MATEO; meditadlo, hijos míos, tenéis que hacerlo porque es la Palabra de vuestro Dios, mi Dios, para vuestra salvación; seguid caminando, hijos míos, en la bondad y en el amor.


Id donde haya pena, id donde haya tristeza, id a todos vuestros hermanos, y a aquellos que están lejos y ayudadles, si no como decís vosotros en la tierra con dinero, con amor; id, hijos míos, enseñando la Palabra de mi Hijo, porque es la Salvación del mundo.


Tened cuidado, hijos míos, con aquellos que quieren y vienen a meter en vuestras almas cosas malas, perversas; aquellos que hacen daño a vuestras almas; pero si vosotros, hijos míos, sois de verdad mis hijos, no tenis que temer nada, porque mi Corazón y el Corazón de mi Hijo siempre estará con vosotros.


¡Cuántas almas, hijos míos, se condenan diariamente porque han dejado de amar a su Dios! Esas alamas perversas que solamente saben maniatar a estos pobres pequeños míos, pequeños y puros, limpios; y ellos se los quieren llevar, y se llevan a los Infiernos la podredumbre que es lo que traen los demonios, y vosotros tenéis que estar alerta, hijos míos, porque vosotros ya conocéis a mi Hijo y conocéis a mi Corazón. Venid todos aquellos que necesitáis de nuestros Corazones, rechazad todo lo malo; cuando vengan las tentaciones del demonio infernal, venid a mi Corazón y al Corazón de Hijo, porque Nosotros os arropamos con nuestros Mantos y nuestros Corazones.


Mirad, hijos míos, el monte está alto pero vosotros tenéis que subir paso a paso con mucha lentitud, pero siempre mirando al cielo, allí está la Cruz de mi Hijo con los brazos abiertos, como tantas veces os he dicho aquí y en tantos lugares del mundo; llegad hasta la cumbre, porque mi Hijo con sus Brazos os abrazará y os llevará al Cielo.


Pero, ¡ay de aquellos que a veces son necios y a veces no quieren saber nada de esa Montaña donde está mi Hijo clavado en esa Cruz esperando a todos vosotros!

Sed dóciles, sed amorosos, sed buenos hijos; sed santos, hijos míos, y aquellos que os digan en cualquier lugar del mundo donde yo me aparezco que es mentira, no les creáis, seguid viniendo a este lugar y a tantos lugares del mundo donde Yo vengo a dar mis mensajes de amor para que os llenéis vuestros corazones y vuestra salvación.


Yo soy la Madre de Dios, la Madre de todos vosotros, la Madre del mundo, y vengo al mundo para salvaros con mi Hijo. Pero que necios son algunos de mis hijos, incluso viendo milagros y tentando el milagro, no hacen caso a los milagros del Cielo.

Hijos míos, vosotros sed como niños pequeños y arrullaros, hijos míos, unos contra los otros, y vosotros mismos bendeciros porque vosotros sois la sal de la tierra, la sal, hijos míos, que sala a los buenos. 


Sed serviciales unos con los otros, sed amigo, sed hermano, sed de verdad hijos de mi Hijo, porque mi Hijo es vuestro Dios y Señor, Él quiere que todos vosotros vayáis al Cielo y por eso vino un día mi Hijo a la tierra a clavarse en la Cruz para salvaros a todos, y hoy mi Corazón destrozado, mi Corazón lleno de amor y de lágrimas, viene llorando por tantos hijos que dan la espalda a su Dios.

Vosotros, hijos míos, caminad, caminad siempre derecho y firmes, porque mi Dios, vuestro Dios, que es vuestro Creador, vuestro todo, Él quiere que vosotros seáis hijos santos de verdad.


Como al principio os he dicho, caminad, hijos míos, tenéis que llegar a la Montaña, tenéis que ir despacio pero firmes. Como antes os dije, hijos míos, sed fieles a vuestro Dios, sed, hijos míos, hombres de amor y de oración; no os olvidéis, hijos míos, del Santísimo Sacramento, que es mi Hijo, la Verdad, la Vida, todo está allá en el Santísimo Sacramento, allí tenéis que ir a poneros de rodillas y hablar con mi Hijo de tantas cosas que tenis en vuestros corazones; como aquí venís a decirme a Mí tantas cosas, y Yo, hijos míos, os escucho, pero muchas cosas, hijos míos, no os puedo darlas porque no son cosas de amor; tenéis que pedir aquellas cosas para el alma, para salvar vuestras almas y salvar las almas del mundo.


Haceos, hijos míos, nada, sencillos, humildes; y por eso Yo quiero, como otras veces os he dicho, que estáis en tiempo de oraciones y de penitencia: lunes, miércoles y viernes, ayunéis y deis testimonio con vuestras almas; haced penitencia, haced oración; venid a Mí, hijos míos, que Yo os transfiguraré vuestras almas como pétalos de rosas, como estos que a veces me ponéis rezando el rosario que tanto me agrada.


Sed caritativos unos con otros, sed amables, sed sencillos, sed hijos de vuestro Dios, que Dios es amor, porque en el cielo, hijos míos, no entran tesoros de la tierra, no entran muebles ni vestidos, nada del mundo, solamente entra, hijos míos, la pureza, la pureza, la pureza; allí estarán y están todos los santos que han vivido en la tierra una vida de amor, de penitencia y de ayuno.


Ahora, hijos míos, os doy la bendición; pero antes os la da mi Dios Padre Creador, vuestro Dios Padre Creador, mi Hijo Salvador, el Espíritu Santo mi esposo, y Yo vuestra Madre, Miriam, Corazón de María, Faro de Luz, Faro de Luz, Faro de Luz.


¡Cuánto me agrada, hijos míos, ver tantos niños aquí en Faro de Luz, mi casa. Yo les doy una bendición especial, como a todos vosotros y a todas vuestras familias.


Adiós pequeños míos, adiós hijos míos, adiós hijos.
Ntra. Madre en Monte Faro de Luz.

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