2 may. 2016

Mensaje 2 may 2016 - España - San Jose

Estimados hijos en el Señor. Soy José esposo de la Santísima Virgen, y me dirijo a vosotros en este día en que me honráis los trabajadores. Deseo deciros que estoy siempre a vuestra disposición en todo lo que me queráis pedir. Yo intercedo constantemente por la Santa Madre Iglesia y deseo que todos los católicos sean dignos hijos de Dios, estén en donde estén. Sabéis de mi vida por revelaciones privadas y por escritos, y sabéis que lo que dice el Evangelio de mí aunque es poco es para vosotros un ejemplo a seguir. Esa fe y obediencia ciegas que tenía me valió a aceptar a mi esposa en su gestación y también a coger al Niño y a la Madre y huir a Egipto, sin plantearnos siquiera de que íbamos a vivir, sabiendo que la Providencia de Dios nunca abandona a los que le sirven y obedecen.
No hagáis tantos cálculos en vuestras vidas, porque lo único que verdaderamente interesa es servir a Dios y obedecerle hasta en lo más insignificante. Fiaros de Él como Padre amoroso que es, que todos los bienaventurados y Ángeles del Cielo intercedemos por vosotros continuamente, y mucho más aún, si nos invocáis y nos lo pedís por medio de Misas, novenas u oraciones. Yo, José, el esposo de María Santísima, os habla.
Mi vida no fue fácil y tuve que padecer también mis tribulaciones, pero mi vida al lado del Mesías y de su Santísima Madre fue dichosa, porque no me sentía merecedor de ser el que cuidase de ellos. Ahora en el Cielo gozo en plenitud de ellos y de la dicha de estar ante la Santísima Trinidad, algo que no podéis imaginar el gozo que supone para el alma bienaventurada.
Invocadme, hijos de Dios, para los moribundos para que tengan una muerte santa y se salven, es lo único que de verdad importa, salvarse, y para ello hay que predisponer la salvación viviendo una vida de santidad constante, salvando los obstáculos que el Maligno os pone, y tratando de ser constantes en los compromisos espirituales que os imponga vuestros directores o las inspiraciones del Espíritu Santo. Sed dóciles, hermanos en Dios, a la gracia, porque una gracia no malograda trae otra gracia y así hasta una cadena de gracias. Yo, José, el esposo de María Santísima os hablo  y os bendigo en el nombre de la Santísima Trinidad. Paz a todos vosotros.

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