21 de Enero del 2018
XXXII Aniversario de María, Protectora de la Fe
Una
vez más veo una gran llama que he llegado a reconocer como el Corazón
de Dios Padre. Dice: “Yo soy el Eterno Ahora, el Creador del tiempo y
espacio. En Mí está toda verdad, cada solución. Este es el día
designado como la Fiesta de María, Protectora de la Fe. El hombre
recibió esta gracia con ingratitud, aun cuando las gracias que acompañan
a esta advocación son milagrosas. Se dio esta advocación en un tiempo
en que la Tradición de la Fe estaba en gran peligro, y hoy día, eso
continúa y pone en riesgo la verdad. Tan sólo el invocar a la
Protectora hace que Satanás se retire, se debilitan sus ataques y se
revela su maldad.”
“Yo sufrí enormemente
durante la Pasión de Mi Hijo para que esta advocación pudiera revelarse a
la humanidad. Imaginen Mi disgusto cuando no recibió respaldo
precisamente por parte de quienes más la necesitaban: Mi Iglesia.”
“En
estos días, la fe se considera como una decisión que se toma o se
deja; algo como la vida en el vientre materno. El preciado tesoro de
todas las generaciones –la Tradición de la Fe– no es visto como algo que
necesita o que es meritorio de especial protección. Quienes no
atesoran su fe, ya están al alcance de Satanás. Fácilmente pueden ver
que esto representa una gran porción del corazón del mundo.”
“El
día de hoy pido a los clérigos y religiosos que cuenten con la
Protectora de la Fe para proteger el tesoro de sus vocaciones, las
cuales están bajo tantísimo ataque. Pidan la gracia de reconocer los
ataques contra su fe. Todos los que respaldan este Ministerio deben
hacer lo mismo.”
Lean Efesios 6:10-20
Por
lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.
Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las
insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de
carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los
Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que
habitan en el espacio. Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para
que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber
superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el
cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus
pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan
siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas
las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y
la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Eleven
constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el
Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por
todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras
adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del
cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar
libremente de él, como debo hacerlo!
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