13 jun. 2016

Mensaje 12 jun 2016 - España


Hijos de Dios, si tuvierais la desagracia de ver por un instante la situación del mundo y de las almas, moriríais de horror, y pensarais que el Infierno no puede ser peor que la situación del mundo actual. Yo, Jesús, os hablo.
Son tan pocas las almas que Me reparan y que Me aman de verdad, con espíritu de sacrificio y aceptando todo lo que Yo quiera enviarles o permitir que les suceda, que es lo mismo que unos cuantos granos de arena comparado con la arena de una montaña. Mil veces Me he planteado castigar este estercolero y mil veces Mi Santa Madre que es también vuestra Me lo ha impedido, y ha rogado y suplicado con lágrimas que espere un poco más. Pero este insoportable hedor y degradación de tantos y tantos hombres, mujeres y hasta de niños, se Me hace insoportable y Mi justicia reclama que intervenga y os castigue.
Sin embargo,  sabiendo que muchos de vosotros tendréis un castigo eterno, porque si no os enmendáis os condenareis, espero y hago caso a las suplicas de Mi Santa Madre y detengo Mi brazo justiciero contra este planeta que Me ha dado totalmente la espalda y se ha olvidado totalmente de Mí. Yo, Jesús, os hablo.
Ni la peste se propaga tan rápidamente como se ha propagado el pecado, y el pecado horrible y satánico que existe en todos los colectivos. Porque hijos, el pecado está en todos los sitios, en familias, en comunidades, en parroquias, en los obispados, en conventos y en sitios que no os podéis ni imaginar. Aquel que parece un señor educado y de buenos y sanos modales, aquel es un ser horripilante ante Mis ojos porque ha cometido abusos con jovencitas y toda clase de vicios y perversiones. Y aquella mujer que parece una señora respetable de delicadezas y hasta elegante, aquella es una persona degradada hasta la médula de sus huesos. Yo, Jesús, os hablo.
El mal es tan inmenso, tan profundo, tan espantoso, que ya solo Yo puedo remediarlo con Mi intervención, y os digo, que en ese día en que Mi brazo justiciero intervenga, ese día sufriréis todos, buenos y malos, aunque cada uno según el grado de perversión y malicia que haya tenido. Los buenos, es decir, los que Me son fieles para su purificación y santificación, y los malos por Mi justicia para que vean que ni una sola falta quedará sin pagarme. Por tanto, no creáis que si tenéis dinero, poder, patrimonio e influencias, os librareis de Mi justicia que como un puñal afilado os atravesará el alma de extremo a extremo. Yo, Jesús, os hablo y os advierto.

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